El Pequeño Humberto

 Sentado en una butaca, justo en el centro del patio de la vecindad, el pequeño Humberto arrancaba y doblaba hojas de papel tratando de hacer el avión perfecto. Animoso y cantarin logró crear el de su agrado, tomó la vieja caja de colores y le pintó las alas de verde y el resto del cuerpo de color azul cielo. 

Al tiempo, Don Nicolás salía presuroso de la vecindad y al ver al pequeño volando avioncitos frunció el ceño y expresó:

- ¡Qué es ese reguero de hojas en el patio muchacho! ¿A c?aso no entiendes que la basura no se anda regando por ahí, en cualquier lado? 

- Don Nicolás, pero sino es basura vea, son mis aviones y mire este: el mejor de todos - respondió Humbertico con brillo en sus ojos-  Y sabe ¿por qué? porque con este puedo ir a donde yo quiera. 

- ¡ Bah! a donde tú quieras, muchachito desocupado. -  Respondió Don Nicolás acomodando las manos en la cintura - A ver dime, cómo vas a llegar donde tú quieras, ¿no ves que es un simple papel? Por qué mejor no te andas a hacer tus tareas y dejas de estar haciendo regueros por ahí. 

- ¿Tareas Don Nicolás? - Respondió el niño mientras se le acercaba al adulto -  yo las hago apenitas llego del colegio para así tener más tiempo para dormir en las mañanas. Más bien dígame  ¿a dónde quiere que lo lleve mi avión ? 

Un silencio ensordecedor invadió el lugar. Don Nicolás pensó en vacilar al niño siguiendole la corriente, para luego, burlarse de lo que decía y de esa manera, sacarselo de encima. 

- Bueno a ver  llévame al lugar más seguro donde yo  pueda estar y que no tenga que sentirme abrumado. 

- Listo ¡súbase  Don Nicolás!

El hombre se quedó inmovil, al tiempo que pensaba ¿Cómo que súbase? 

El pequeño Humberto se percató del ensimismamiento del adulto y le dijo: 

- Vea si es re facil, cierre los ojos y escuche mi voz, los va a abrir solo cuando lleguemos. 

Humbertico se alejó de Don Nicolás, y lazó el avión hacia el caballero. Don Nicolás abrió los ojos al sentir  un pinchazo el su cabeza, justo al lado de la sien. 

- si ve don Nicolás, mi avión nos llevó hasta ahí donde usted sintió el pinchazo. 

- pues no entendo Humbertico qué me quieres decir. 

- pues eso don Nicolás, la mente es el lugar más seguro donde usted puede entrar y sentor que es capaz de lograr todo lo que anhela. Es ahí donde usted se cierra y se adentra, vea es como cuando tenemos examenes finales, mi mamá nos dice que nos centremos pensando en que sí somos capaces de hacer las cosas bien y eso, eso le da seguridad. 

La cara de estupefacción del señor era tan evidente que  el niño aprovechó para decir 

- Vayanos a otro lugar. Dígame ¿a dónde quiere ir ahora?. 

Bueno Humbertico, llévame al lugar más alegre que pueda existir. 

- Listo Don Nicolás, súbase. 

El caballero cerró los ojos y... esta vez Don Nicolás sintió un pinchazo en su corazón. 

- ¿El corazón pequeño Humberto?

- Sí el corazón Don Nicolás - respindió el muchachito, al tiempo que hablaba dando vueltas al rededor del receptor-  Vea, usted debe saber, como dice  mi mamá, que el corazón  es el lugar más alegre que el hombre debe tener, porque vea, por ejemplo, cuando en mi casa son las 10 de la mañana y mi mamá apenas es que ha terminado de vender las empenada, ella llega, coloca música de Alfredo Gutiérrez, toda alegre hace el almuerzo rapidito, mientras ella canta nosostros terminamos de organizar tareas, y cuando nos sive la comida nos dice: que aunque ella venda o no las empanadas, ella está segura que algo hemos de comer pero que nunca mientras estpe viva nos iremos a estudiar, sin llevar el estómago contento. 

Don Nicolás olvidó por un rato sus preocupaciones, pues era el día de las auditorías internas de la empresa, llevaba el informe que había trabajado minuciosamente la noche anterior para obtener las certificaciones de calidad. Se había levantado con muchos meidos, pero ahora, no se sentia abrumado, tenia confianza, otro ánimo, caminó hacia la salida despidiendose de Humberto con una sonrisa, iba seguro de sí mismo pues tenia la certeza en su corazón que saldtría biuen ante sus jefes. Definitivamente el pequeño le habia dado una leccipon y empezaría a ver la vida de otra manera.

 



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